Rohechaga´uta
Una despedida

Fue un fin de semana de muchas emociones, de bienvenidas y despedidas. De recuerdos y proyecciones. De incertidumbres y certezas.

El súbito decaimiento de la salud de mi abuela, mi mamama, cambió todo el panorama de nuestro trajín diario. Pasamos 3 noches sin saber cómo lidiar con la situación, cómo dormir, cómo calmar los gemidos. Fueron 4 días jugando a los enfermeros, pensando en cosas que nunca antes nos habían preocupado porque vivíamos automatizados. El sábado dejé de vivir solamente por mí, y comencé a vivir y a pensar por alguien que ya no podía hacerlo por sí misma. Comencé a pensar en los nutrientes de la comida, en la higiene personal de alguien tan frágil, en el abrigo de una persona indefensa, en las ansias de calmar su dolor y agonía.

Ya en la primera noche, me di cuenta que una filosofía de vida había caido muerta al suelo. Solía decir que uno puede escoger sus batallas. Esa noche descubrí que las batallas le escogen a uno, y que uno puede escoger pasar las lecciones de largo, pero la vida encuentra la manera de hojear de vuelta el libro de la vida y volverte a hacer vivir la lección hasta que la aprendas, por las buenas o por las malas.

¿Y qué fue lo más grande que aprendí? Creo que fue amar sin recibir nada a cambio. En estos días mi mamama no podía quererme por motus propio; cuando la trajeron de vuelta en la ambulancia ese sábado, volvió otra persona. Todavía no se quería bañar, pero además de eso no recordaba su casa, sus nietos, su hija. Vociferaba nombres de personas que ya no están. A puñetazos quería zafarse de la hora del baño. Inhalaba con dificultad y exhalaba con gemidos. Nos acusaba de ladrones y de querer envenenarla. E igual nosotros no podíamos bajar los brazos y dejarla morir ahí; teníamos que seguir cuidando de ella. Ya no le discutía más, pero tampoco no le dejaba hacer lo que quería. La escuché maldecir a mi hermana, y a mi papá reprender sus palabras. Me preguntaba si estaba poseída o estaba ida. Terminé decidiéndome por un estado psicótico que ni los medicamentos antialucinaciones acalmaban.

Pasó tanto que quise sentarme a escribir y no me animaba, y hasta ahora estoy medio reticiente a hacerlo. Dicen que la historia de lo que sucedió y está sucediendo es digna de un libro. Yo preferiría llevarme las lecciones e historia a la tumba. Primero, porque en parte es nuestra culpa que haya llegado a tan complicado panorama. Pero nunca voy a permitir que nadie nos lo eche en cara, más porque no estaban en nuestros zapatos y sólo nosotros sabemos que, a pesar de que tratamos y muchas veces fracasamos, se hizo lo que se pudo y, por sobre todo, se hizo por amor. Así que la única persona que me puede echar en cara algo soy yo misma, y hasta ahora me cuesta aceptar que el desenlace es producto de amor.

¿Qué tiene mamama? Un combo complicado, les diré. Para comenzar, senilidad. Sumale septicemia, que es una infección generalizada que está en la sangre. Le diagnosticaron también pulmonía, anemia, desnutrición, falla en los riñones. Se fracturó la pelvis hace una semana, lo que nos permitió darle baños contra su voluntad.Y a pesar del cuadro complicado está ahí, viva y peleando.

Como producto de esta situación, mi prima volvió al Paraguay después de 22 años. De un país campestre se encontró con una ciudad bien más chic, a medio camino de las grandes urbes del mundo. Descubrió que pasamos de vivir casi en la frontera del fin del mundo al medio de la zona créme de la créme de Asunción, cerca del cambalache, la badalada, el ruido, la fiesta. Sintió los baches, el frío húmedo y los sabores de las comidas. Y, por sobre todo, estuvo con nosotros y sintió nuestro cariño, aunque sea por 30 horas.

No pasamos mucho tiempo en el sanatorio, pero fue suficiente. El sábado continuaba en un estado de estupor, casi totalmente abstraída. Abría un chiquitito los ojos pero tenía las pupilas totalmente dilatadas, y mirarla a los ojos era como mirar a un extraterrestre. A veces nos reconocía por instantes, luego se iba completamente por la gran mayor parte del tiempo. Sólo el domingo reconoció a mi prima, a quien no veía hace 10 años. Le dijo que estaba más grande, en lo muy poquitito que habló. Sólo respondía sí y no, pero al menos le reconoció y entendió lo que le decía. Le prometió a mi prima que se iba a portar bien, aunque no sé cuánto durará esa promesa. Si recordara lo que promete, le hubiera traído a mi prima hace años a que le diga que nos haga caso.

Y aunque estamos viviendo una tremenda incertidumbre y sólo logramos planificar un poco por día, no podemos dejar de quitar nuestras conclusiones y de aceptar el desenlace, sea cual fuere.

Cuando la llevábamos al aeropuerto, me despedí de ella leyéndole un cartel en la entrada de la rampa de descenso de personas que van a viajar. "Krish, rohechaga´uta", le dije. Meli se burlaba de lo que dijo que fue un acento extranjero, una vergüenza para una paraguaya de 23 años que no era capaz de pronunciar el guaraní.

Ahí me di cuenta del verdadero significado de esa frase: este fin de semana en verdad fue un soltar emocional, una despedida a alguien que ya no volverá a ser la misma. A mamama también tuve que decirle "rohechaga´uta", porque una era de ella, ya fue. Y tuve que decirle "gracias" porque con sus buenos y malos ratos conmigo, me amó a su manera.

2 viajeros que conversan:

Don Elfo dijo...

Wow... Moving indeed.
Es dificil lidiar con todo eso y por experiencia: cuando se termina, usualmente no hay tristeza, sino alivio... Fuerza!

ña pao dijo...

vane darling...complicado momento, pero tienen de sostén el hecho de que mamama es la reina de la casa, y eso lo está viendo el Señor desde arriba..estamos a su lado, para lo que sea necesario

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