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Camino Inca contemporáneo: el plan de 1 semana en Perú

Perú es uno de esos lugares que circunstancialmente saltó a la cabecera de la lista de los lugares a viajar, pero tengo que admitir que no estaba en el shortlist. Da la casualidad que Mr. Hubby tiene que ir por una reunión a Lima, y como es fan de la historia y las civilizaciones antiguas, le brillaron los ojos cuando me dijo: "¡podemos conocer Machu Picchu!". Mis prejuicios hicieron temblar mi ser al imaginarse a mi persona escalando una montaña, y la sospecha de que el chancho del ahorro iba a ir a la parrilla. Con un poco de investigación descubrí que no solamente no voy a agonizar por subir la montaña, sino que tampoco me resulta soberanamente caro. Explorando descubrí los encantos de Lima, la altura de Cuzco con su encanto de arquitectura, el Valle Sagrado y el camino a una de las maravillas de la civilización humana.

Honestamente, a mi alma viajera le cuesta tomar impulso para irse a un lugar sabiendo que va a correr cual trotatierra para conocer en un pantallazo todo lo que debe ver. Mi alma cansada sólo se visualiza en una playa paradisíaca cual ballena encallada, preferentemente en un lugar donde no haya señal de telefonía (lo siento mis vacaciones son el punto donde rayo la cancha. No me encuentran ni invocando a los dioses, sólo me encuentran si a mí se me da la gana). Pero ahora que ya tengo el boleto en mano a Perú (y recuperé las ganas de vivir por tener un destino a la vista), de verdad estoy entusiasmada con el viaje al Mundo Inca. A ese mundo, y a su mundo gastronómico. Creo que si puedo, comeré ceviche de manera intravenosa. Si no probaste la cocina peruana, es tu tarea pendiente contigo mismo. Qué deliciosa comida!

Así que acá va: un relato del plan Perú 2015, en 1 semana (una versión light de Perú), en pareja, en el mes de febrero (sí, mes de lluvias). Esta vez, todo antes de que suceda. (No se imaginan la cantidad de planificaciones que tengo y nunca transcribo al blog. Así que esta vez es distinto el ejercicio).

Les comparto mis notas del viaje, construida con cientos de hojas de lectura en foros de Tripadvisor, Frommer's, Lonely Planet y demás. A todos los foreros del mundo que escriben, gracias.

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Día 1 – Lima

·      Llegada al hotel en Lima. Check in.

·     Visita al Museo Larco: ubicado en una edificación vicerreinal del Siglo 18, es un museo privado que exhibe objetos de los 3 mil años de desarrollo del Perú Precolombino a través de sus más de 45 mil objetos, entre los que hay flechas, coronas, aros, ornamentos, cerámicas, máscaras cubiertas en oro con piedras semi preciosas y más. En uno de los pocos museos en el mundo que te permite ingresar al área de almacenamiento. Su jardín ganó el premio al Mejor Jardín en el 2009.

Horario: lunes a domingos, 9 a 22 hs.

Entrada: 30 Soles (USD 10)

·     De noche, vamos al Parque de la Reserva: tiene un Circuito Mágico de Agua, es un espectáculo de Fuentes de agua con música interactiva.  Podemos cenar en República, un boliche de fast food con comida típica peruana (Avda. República y Avda. 28 de julio)



Día 2 – Lima

·      Visita al centro histórico de Lima.

Llegamos hasta la plaza San Martín. Caminamos por la calle Jirón de la Unión hasta la Plaza Mayor. Ese fue el lugar de fundación de Lima en 1535 por Francisco Pizarro, aunque en 1746 un terremoto lo destruyó y se tuvo que reconstruir. También es Patrimonio Histórico de la Humanidad por UNESCO. En esa plaza sucedió de todo: desde pelea de toros hasta ejecuciones por la Inquisición. La fuente de bronce de 1651 es lo más antiguo de la plaza.

De ahí vamos al Palacio de Gobierno de Perú: tiene visitas guiadas gratis a las 10 am a 12:30 hs, con cambio de guardia a las 12 hs.

También a ver, alrededor de Plaza Mayor: Palacio Municipal de Lima (con su balcón tallado en madera, súper ornamentado), Catedral de Lima (también reconstruida tras el terremoto, donde está enterrado el mismísimo Pizarro). Iremos a Iglesia de Santo Domingo.

Visitaremos la Basílica Monasterio de San Francisco, De arquitectura barroca, el paseo por las catacumbas, en la profundidad del monasterio y con más de 75 mil enterrados, es una experiencia que los visitantes destacan.

Luego visitaremos la Iglesia de San Pedro: la iglesia Jesuita que data de 1638 es la mejor conservada de la ciudad. Es más sencilla por afuera pero es sorprendente por adentro, con altares y balcones muy trabajados.

·      De tardecita: terminaremos el día en el Parque del Amor y caminar hasta El Malecón, que es el punto de observación del océano Pacífico desde los parques con esculturas modernas. Podemos cenar en el restaurante “La Rosa Náutica” (Espigón 4 Circuito de Playas, Miraflores).



Día 3 – Lima

·      Visita al Museo Nacional de Arqueología: el museo más importante de Perú, con reliquias de toda su historia.

Horario: martes a domingos, 9 a 15 hs

Entrada: 10 Soles (USD 3.50)

·      De tarde, caminar por el barrio Miraflores.  Alrededor de la Plaza Kennedy hay muchos cafés y tienditas. Ir hasta la Huaca Pucllana, una pirámide construida entre 700-300 A.C.,  un sitio arqueológico en medio del trendy barrio de Miraflores.

Horario: miércoles a lunes, 9 a 15 hs

Entrada: 5 Soles (USD 1.50)

·      De noche, ir hasta el distrito de Barrancos: el barrio bohemio de Lima, caminar por el Puente de los Suspiros, cenar en los alrededores. Muy buena vida nocturna.



Día 4 – Cusco

·      Checkout de hotel en Lima.

·      Vuelo con destino a ciudad de Cusco: ubicada a 3,400 m de altura y antigua capital del imperio incaico, fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1983 y es, sin duda, uno de los destinos más importantes del Perú. Entre sus calles empedradas se descubren edificios de construcción inca, junto a construcciones coloniales de estilo barroco andino.

Recorrer durante la tardecita, cenar en la ciudad.



Día 5 – Aguas Calientes

·    Tomar una excursión desde la Plaza de las Armas por el Valle Sagrado, de tal manera a conocer la zona arqueológica y los pueblos, el mercado, antes de tomar el tren rumbo a Machu Picchu. Terminar el recorrido en Ollantaymbo.
 ·     Tomar tren hasta Aguascalientes. Se recomienda Peru Rail, pero también está Inca Rail. Al llegar a Aguas Calientes, dejar el bolso en el hotel, salir a recorrer el mercado. Cenar en “El Indio Feliz” o “The Tree House” (ambos súper recomendados).

Horario de tren: ver según reserva

Costo de tren: USD 330 para dos personas, incluye un almuerzo Snack



Día 6 – Machu Picchu / Huayna Picchu

·      Tempranito, subir hacia la ciudadela de Machu Picchu en bus. Es un camino de 6 km que se hace en 20 minutos en un camino serpenteante. Los buses salen cada 15 minutos,

Horario de bus: salida de Aguascalientes: 5:30 hs. Salida desde Ciudadela: hasta 17:30 hs

Costo de bus: USD 20 ida y vuelta, se compra en Oficina de Tickets.



·      Paseo en ruinas de Machu Picchu: a 2.350 m del nivel del mar, son las ruinas más emblemáticas de la arquitectura incaica. En medio de una exuberante selva, se cree que fueron construidas a mediados del siglo XV por el Inca Pachacutec. Perdidas en la historia, las ruinas no fueron descubiertas sino hasta 1911 con la llegada del explorador estadounidense Hiram Bingham.

Cuando se encuentre en Machu Picchu, le sugerimos contratar un tour en las puertas de la ciudadela. El costo de este tour variará dependiendo del número de personas en el grupo y durará aproximadamente 2 horas, dándole luego el tiempo suficiente para recorrer la ciudadela a su propio ritmo.

Horario: 6:00 am a 4:00 pm. Desde las 4 pm ya están saliendo turistas.

Costo: 150 soles / USD 52 por persona entrada, USD 50 por persona el tour máximo



·      Subida a Huayna Picchu: eterno guardián de la ciudadela inca, es la montaña más alta que se observa en la típica fotografía de Machu Picchu, y subir hasta su cumbre es una experiencia inolvidable. El dificultoso ascenso toma aproximadamente 2 horas y se realiza desde la plaza principal de Machu Picchu, por un camino construido por los mismos incas, y que en la actualidad se encuentra muy bien señalizado y en buen estado. Si desea formar parte de esta experiencia única en la vida, le recomendamos llegar muy temprano e ir directamente al Wayna Picchu para reservar un lugar, pues el número de turistas permitido por día es muy limitado y la hora de ingreso tiene un tope, generalmente de mañana.



·      A la tarde, tomar el tren de Aguas Calientes con retorno a Cusco. Check in en hotel en Cusco, pasar la noche en la ciudad. Sugerencia: Cenar en Uchu Peruvian Steakhouse.



Día 7 – Cusco

·      A la mañana, recorrer el centro de Cusco para hacer últimas compras.

·      A la tarde, Salida de vuelo, con destino a casa (previa escala en Lima)


LOGÍSTICA
Elementos a llevar:
·      Repelente, protector solar
· Pantalón largo, ropas en capa (saco, remeras, zapatillas deportivas). Sombrilla, impermeable.
·      Toallitas húmedas con alcohol, papel higiénico
·      Paracetamol
·      Paragüas para cada uno
·      Termitos de agua
·      Pastillas de coramina (para evitar el mal de altura)
·      Reservas de hotel, tren, entradas impresas

Tips más importantes:
·      Para evitar el soroche o mal de la altura, se recomienda contar con pastillas de coramina, tomar té o mate de coca al llegar, también sirve el té de muña; evitar las comidas pesadas, llevar en la mano caramelos de limón y una botella de agua.
·    En Cuzco: caminar más lento de lo habitual y sin prisa en zonas en altura, al cuerpo le toma días habituarse, especialmente cuando se llega en avión.
·      Beber solo agua embotellada, o previamente hervida.
·      Un consejo muy popular a los viajeros que se aventuran a las alturas es: “beber antes de tener sed, comer antes de tener hambre, abrigarse antes de tener frío y descansar antes del agotamiento”. Ya que en la altura el cerebro demora mas tiempo en dar los avisos. Cuando sientas que tienes sed, es que ya estas muy deshidratado.
·      Vestirse en capas por la variación de temperatura, y usar pantalón largo y repelente en Machu Picchu para evitar picaduras de insectos.


A ver cómo nos va!

(El blog es más lindo con fotos; espero subirlas cuando volvamos)

Un día de promesas



¡Qué genial! ¡Llegó el día en que Chris y yo nos casamos!

La pregunta que más me hacen en estos días es si estoy nerviosa. De hecho, no siento que lo esté, aunque mis horas de sueño son muy cortas. Sólo me siento feliz, realizada porque llegamos acá y porque vamos a continuar.

Tuvimos muchas despedidas de solteros, desde compañeros de facultad, amigos hasta amigos de mis papás, y con cada grupo pudimos celebrar a nuestra manera. Los adultos nos dieron sus más lindas palabras de bendición (y nos dieron la opción de tener hijos "pronto" o "muy pronto", esas fueron las variables, pero mi papá salió al frente y nos dijo "cuando quieran y en el tiempo de Dios". Uf, gracias.)



Los amigos de la facultad celebraron con charlas, juegos de mesa y signature drinks hechas por el bartender Vik, en una tarde lluviosa (mi versión especial fue llamada "Black Orchid Vik-o Style").



Con los compañeros de colegio pasamos una noche de karaoke en la casa de una amiga, cantando músicas del antaño en formato MIDI. Fue refrescante cantar a los gritos pelados como en la época de colegio, pues éramos el grupo cantarín.



Y, finalmente, llegamos al 29 de mayo de 2010. Hoy son 28 años del día en que se casaron mis papás.

Hice un tremendo esfuerzo por despertarme tarde: salí ayer con amigos a comer algo, y charlar. Después de dar vuelta en la cama por horas, no me quedó otra que levantarme.

Eran las 6:40 am. Anoche estuve hasta las 00:50 fuera de casa. La agenda del día ya no incluye ninguna planificación. Me pasé literalmente toda la semana en el auto, yendo por Asunción a hacer labores de toda índole. Estoy HARTA de manejar y me alegra que voy a pasar unos días sin manejar. (oh-oh, falta retirar un vestido, e ir al shopping un rato, y... . Me callo nomás ya.)

Va a llover hoy, así que tuvimos que mudar la cena del Roof Garden al salón. Me estresó menos de lo que pensé (a Chris realmente le descolocó el cambio), pero le miro el lado bueno. Ahora la producción de fotos va a ser arriba. Esa es mi terraza; me apropié de ella, llueva, truene, haga frío o calor.

Así que hoy la agenda es: peluquería toda la tarde (menos mal que no voy a estar sola, me acompañan mi hermana, mi mamá y una dama de honor: Monika con K), luego vamos a prepararnos, lograr que los hombres de la casa se preparen a tiempo, y así... caminar por el altar, y salir casada del brazo de Chris. Me gusta, me encanta.

Las valijas para el largo fin de semana ya están hechas y el iPod está cargado. Pasamos en hotel las dos noches en Asunción, luego partimos para la Riviera Maya, nuestro primer viaje juntos. Eso sí que va a ser un show.



Chris hace mucho me prometió que iba a llegar un día como hoy; y cumplió. Todo se dio, Dios nos guardó hasta acá y nos dio la actitud, la entrega y todo lo que se necesita para superar lo que pudo haber deshecho nuestro amor, que nunca se acabó y sólo creció sin medidas.

Así que esta bloguera se despide, comienza un nuevo viaje en su vida. Me voy a ser feliz, porque ser feliz es una actitud. ¡Sean felices ustedes también!

Alianzas hechas de fe

Usar alianzas es una convención social, que no sé si es solo occidental. Se remonta desde los tiempos antiguos para simbolizar un acto de unión, un acuerdo entre dos personas, representando una unión sin fin, como es el círculo.

En Paraguay se estila usar alianzas idénticas, y yo no pretendía convencer a Chris de llevar un anillo con alguna piedra. Pero yo quería una alianza, con una piedrita, un zircón que lo haga femenino. No sé, esos caprichos extraños que ni una sabe de dónde los quita, pero los sigue hasta el final.

Hicimos el esfuerzo de levantarnos un sábado de mañana para salir de Asunción e ir a la vecina ciudad de Luque, conocida por sus colores chillones de azul y amarillo, su fútbol, y su orfebrería.
Medio dormidos (Chris, yo y Huguito mi hermano; mamá estaba muy saltarina) y con sólo el presupuesto definido, arrancamos una mañana de búsqueda de dos piecitas que vamos a tener hasta el fin de nuestros días: nuestras alianzas matrimoniales.

Hace mucho que no me detenía por la ciudad, cuando iba estaba sólo de pasada. Y, al bajar del auto, me di cuenta que no iba a ser tarea fácil encontrar las alianzas. Ya escuché historias de parejas que se tomaron un mes para encontrar la pieza; y aunque nos sobra tiempo, no creía que estaba con ganas de tantas vueltas. Hay una plaza central en Luque y, alrededor y mirando hacia ella, hay decenas de tiendas con oro y plata adentro, en forma de piezas de joyerías. Comenzamos la visita por Chichita, una joyería que visité mucho durante mi infancia. Mis papás se dedicaban también a vender joyas y llevaban sus estuches para exhibirlos a los interesados, cuando este trabajo no estaba de moda como hoy. Las piezas que vendía, la compraban de este local; era un trabajo extra que permitía un poco más de ingresos para sostener la familia. La visité después de muchos años; estaba llena de gente y con el local de al lado en construcción, donde aparentemente piensan mover el negocio.

Mamá se instaló en el taburete y comenzó a deleitarse, probándose mil cosas y preguntando precios. Pensé que se iba a llevar toda la joyería. No me permití ahondar en el deleite de juegos de aros, dijes y pulseras que no iba a poder tener conmigo. Chris y yo mirábamos las alianzas y preguntábamos precios. Para conocer más alternativas, salimos y visitamos al menos 6 joyerías más. Mientras Chris barajaba cosas de la oficina a la distancia (que no le suelta ni los sábados), apreciaba las distintas alternativas. Fuimos escuchando, mirando y evaluando qué nos sentaba mejor.

Fue acá donde nos encontramos con diferencias, creo que una de las primeras veces en todo el proceso. Con un presupuesto un poco bajo para las alianzas (el presupuesto lo puse yo y fue una de las cosas que establecí a ojo; no pensé en el verdadero valor que podían llegar a tener las alianzas y por ende, reconozco públicamente mi error.), teníamos varias alternativas, pero ninguna satisfacía a ambos. Les explico: podés hacer tu anillo en platino, oro blanco, oro amarillo, plata y acero (en orden de costos, de mayor a menor metal de valor). Chris prefería, por el presupuesto que teníamos, unas alianzas de oro finas y livianas. Yo, por mi parte, prefería anillos de más peso y grosor, pero en plata. El oro blanco requiere que se haga un mantenimiento que, la verdad, no me veo haciendo cada 6 meses. Habían alianzas desde Gs. 120 mil (30 USD estimativamente) a 1 millón 500 mil guaraníes (300 USD más o menos). Extrañamente, con el monto que disponíamos, o nos comprábamos un par de anillos a mitad del presupuesto disponible, y la siguiente opción era pagar anillos que, de verdad, no podíamos pagar. Podíamos ir por algo clásico, pero yo buscaba y buscaba y buscaba más para ver si veía algún modelo que conquiste el corazón. Realmente entre Chris y yo no encontrábamos un punto común y disparábamos para puntas opuestas en lo que estábamos dispuestos a ponernos en el dedo.

Chris suspiraba y seguía mirando. Prefería un metal de mayor valor, por lo que percibí, independientemente a si era de gran tamaño o no. Hasta entonces, no había pensado en el valor del anillo de compromiso que me dio, pero después de pasar por muchas joyerías entendí por qué le fue tanto esfuerzo financiero darme ese anillo de oro amarillo y blanco. No piensen que no valoro el esfuerzo; sencillamente no taso el esfuerzo en dinero. No me detuve a imaginar la tasación del mismo porque no se me da la gana de saber cuánto sale, es muy feo tratar de saber cuánto le salió el regalo. Pero entendí por qué con el pasar de las tiendas su frustración aumentaba: hizo un esfuerzo inmenso por ese anillo de compromiso, las alianzas no podían tener mucho menor valor. Obviamente Chris jamás se va a detener a afirmarme que el anillo le salió caro y que nuestras alianzas no podían estar a menor altura, pero creo que este punto tiene validez, aunque la lógica provenga de mi mente cuestionadora. Sin embargo, el problema seguía siendo la inviabilidad de aumentar el presupuesto. Le dije a mi mamá que estaba dispuesta a disponer de mis dos medallas de oro de mejor egresada (Educación Escolar Básica y Bachillerato) para hacer los anillos.

Hubo un par que me gustó, y en todas las joyerías que vimos, no vi algo igual. No pretendía ponerme nada sicodélico por el dedo y usarlo para representar mi matrimonio, pero estas dos piecitas tenían algo que visualmente me atraparon. Si trato de racionalizarlo hoy, eran dos piezas con una base lisa y, encima, una franja con textura. Es un tratamiento que se le hace al metal para que quede así. Trazado en esta franja texturizada, un surco en forma de onda rodeaba a cada anillo. La alianza de la mujer tenía una sola piedra. La del hombre no tenía este detalle.

Así que después de 3 horas de que mamá se entretuvo mirando joyas, mandando reparar las piezas que juntamos durante años para reparar y que Hugo escogió su primer collar con una cruz y una pulsera a cambio de varias piezas de plata que estaban rotas y cuya única alternativa era derretir, mamá quita unas piecitas de oro. Medallitas sueltas, cadenitas rotas, todas en oro. Ella sólo quería agrandar su alianza (se pasó unos años tratando de que mi papá entienda que ella sólo quería agrandar su alianza, hasta que finalmente, tuvo que ir ella a resolver el asunto). No requería de más oro.

Entonces, mamá le preguntó si daba para hacer las alianzas que nos gustaban, con el oro que tenía sobre la balanza. Los anillos de exhibición eran más livianos que lo que estaba dando mi mamá en oro. La joyera hizo los cálculos, y terminamos con unas alianzas que valen 4 veces más de lo que podíamos pagar, gracias a Dios!

Y algo ahí le tocó una fibra a Chris, que me recordó el testimonio del pastor, que dos días antes nos contó la historia de sus alianzas, y cómo él tampoco podía pagarlas pero terminó consiguiendo aún más de lo que esperaba. Y son momentos como éstos que me hacen pensar que quizás no seamos los jóvenes más ricos, pero que mediante eso podemos experimentar ciertos milagros y ver la mano de Dios en favor de nosotros. Cierto, hay ciertas cosas que me gustaría tener definidas ya y no andar pensando si vamos o no a tener; pero es hora de dejar el afán y de disfrutar de lo que nos toca vivir.

Teníamos ganas de escribir algo adentro de los anillos, y como "Truly, Madly, Deeply" no entraba con nuestros nombres y fecha de casamiento, nos quedamos con el clásico nombre del cónyuge y la fecha del casamiento.... ahora que lo pienso, voy a tener "cónyuge". Me causa gracia!

En el trayecto de vuelta, seguimos tratando de definir cuál era la alternativa de luna de miel si no salía el sueño que tenemos. Mirando folletos y hablando, Chris se quedó encantado con la Riviera Maya. Pero me devolvió los folletos y me dijo:

"Nos vamos a Santorini, hermosa. No te preocupes."

Vamos a seguir creyendo, entonces, a noventa y tantos días del Gran Día. Terminamos el fin de semana con unas alianzas que no podíamos tener, y cosa rara, que justo se trata de las alianzas, de ese símbolo de promesa de amor y devoción el uno al otro. Yo tengo fe en nosotros y en este nuevo paso que vamos a dar. Menos mal que Dios también estuvo de acuerdo y nos permitió tener un "upgrade" para estas alianzas.

Para los que quieran saber de dónde compramos nuestras alianzas y no se pierdan por Luque:
Joyería Chichita - Cmdte. Peralta N° 15 - Luque, Paraguay - Tel: 642 988

La primera mudanza en mi vida

Chris:

Cuando me case, va a ser la primera vez que me mudo de casa…


Las vacaciones de un mes en Brasil, no cuentan…tanto. Aunque el auto parezca un camión de mudanza. Esta vez, es mi primera vez de salirme sola. Menos mal que te tengo a vos para hacer un hogar…


Esta vez, vengo con todos mis pertrechos. Voy a regalar un montón de ropa con la que no quiero que me veas, y voy a comenzar a envejecer mis ropas a tu lado. Mi humanidad también va a envejecer, pero obviemos esa parte.


Voy comprando unas cuantas cositas para no llegar tan de manos vacías a nuestro nuevo hogar. Ahora que voy a salir de casa, me doy cuenta que no soy dueña de casi absolutamente nada.


Llevo mi iPod, y prometo cargarlo con series y películas que nos gustan, así pasamos algunas horas del fin de semana acostados, compartiendo nuestra pasión por el audiovisual. También llevo música. No te vas a sorprender si me encontrás cantando mientras limpio y ordeno, o bailando sola, y no te niegues a seguirme el paso si te invito a hacerlo conmigo. Vas a tener que tolerar mi espíritu latino, tenerle a Juan Luis Guerra haciéndome rumbar, pero también llevo Jazz, Pop, bandas sonoras y demás.


Llevo unos cuantos perfumes, sabés cómo me fascinan. También unas cuantas cremas, porque la piel suave no sale de la nada. Además, es para que dentro de 30 años, la sigas sintiendo como la sentís ahora. Y en 30 años, te puedo asegurar, van a haber más cremas, así que no te asustes.


Llevo maquillaje. No uso tanto, normalmente. Aprendí a llevar la cara limpia, después de años de jugar por mi cara como un lienzo. Admirás mis pestañas desnudas, mis pecas, hasta mis granitos admirás. Pero llevo algunos insumos para ellos, aunque me quieras como esté.


A ver… llevo zapatos. No tantos como quiero. Y, aunque calcemos lo mismo, no los compartimos. Les acompañarán pocas carteras. Me vas a tener que ayudar a aumentar la colección con el pasar del tiempo. Llevo aritos, dijes, algunos regalos de hace años. Algunas de las joyas me las regalaste vos. Las uso regularmente, y las llevo con todo cariño, conmigo.


En Navidad vino una canasta espléndida, que venden en Nueva Americana, y que decidí que va a ser nuestro revistero. Ya la tengo al costado de la cama, para que nadie me la quite.


Son muchos párrafos, pero básicamente te resumo: no traigo gran cosa.


Lo último que añado a la lista de cosas que van a ser tu diaria rutina, soy yo. Vengo sin manual de instrucciones; máximo te puedo definir que soy mujer y que antes, durante, o después de una fecha en el mes, soy sensible y llorona. Después de 9 años, pensás que me conocés, pero ahora te enfrentás a un nuevo desafío: la diaria convivencia. Soy ordenada cuando tengo tiempo. Como nunca tengo tiempo, siempre hay un poquito de desorden. Pero aunque tenga que dormir menos, me tomo el tiempo y hago lo que tengo que hacer. Me gusta cocinar si tengo ganas. Sé que te gusta que te reciban con comida al llegar del trabajo, y espero poder cumplir con ese sencillo gusto. Tengo miedo de lavar tu ropa, porque sé que un hilo fuera de lugar te desquicia (aunque tu desquicie sea silencioso).


Sé que te casás conmigo no por lo mucho que pueda aportar materialmente a tu vida, porque como sabrás, no traigo mucho bagaje. Pero espero que sea por el mismo motivo que yo tengo en cuenta para animarme a dar este paso con vos: aportás tanto a mi vida, hace mucho tiempo, y estoy feliz de saber que vas a seguir haciéndolo por mucho tiempo más, hasta que Dios diga basta. Y hasta cuando no estés, te voy a llevar en el corazón, porque sos parte de mí, para siempre.


Te quiero,


Vane
Camino al altar

Nuestro recorrido hacia un futuro no-tan-lejano (dice mi contador de días en Facebook que faltan 185 días) comenzó hace muchos años. Pero lo comenzamos a conversar y a palpar en marzo de este año. A partir de ahí, se hablaron, pensaron, dijeron y soñaron muchas cosas. Pero por sobre todo, esperamos.

De los dos, siempre fui yo la más miedosa al próximo paso a dar. Hasta que un día, sin trabajo y con muchos problemas a resolver, amanecí sintiendo que sí, iba a poder hacerle frente a todo. Entonces, le dije. Le dije que ya no tenía miedo y que me animaba a todo, teniéndole a mi lado.

A buen tiempo, llegó en octubre el anillo, que significaba que íbamos con todo para cerrar el trato. Fue en un almuerzo de un sábado al mediodía en La Misión, un hotel boutique de Asunción que nos apasiona. Era nuestra primera vez en el lugar, y pensé que iba a ser un buen tópico de coolhunting de restaurantes. En resumen: vayan a comer ahí, totalmente recomendado. De lunes a sábado al mediodía, almuerzo ejecutivo con entrada (antipastos, incluyendo deliciosos sushis), 5 opciones de plato de fondo y postre por Gs. 50 mil por persona.

Sigamos. Era una mañana di-lu-vio-sa. Se ahogaba la ciudad en una tormenta que nos azotaba. De alguna manera (muy parecida a flotar) llegamos Chris y yo al hotel. En lo más profundo de mi ser, quería que ése sea el día. Y Dios, la vida y Chris (sin saberlo) me hicieron caso, y me dieron el gusto.

El anillo apareció antes del postre, se posó dentro de su cajita abierta sobre la mesa, y abrazándome por detrás y con susurros, Chris me pidió que me case con él.

A partir de ahí comenzó una aventura de planificación que no imaginé que iba a ser como se está desarrollando. Al caerles a mis papás con la noticia (Chris a los 17 ya les dijo que nos casábamos, así que no hubo preámbulos traumáticos para las partes), nos sentamos como si fuera una reunión de banco a analizar el status financiero. Por Skype se agendó con la hermana la viabilidad de asistencia (pensar que querían hacerme esperar OTRO AÑO para casarme!).

Y a partir de ahí, mamá se volvió coolhunter de bodas. Se pasa horas en theknot, weddingchannel y demases buscando cosas. Es muy lindo verle emocionada. Por sobre todo, puede contar con 7 meses de anticipación que su hija se casa. Le dije que eso le dice a la gente tácitamente "y no, mi hija no se casa por estar embarazada".

No faltan los que dicen que estamos locos, que somos chicos, que nos vamos a divorciar pronto... pobre gente, que no está en nuestros zapatos. Gente que no tuvo el placer de conocerle a Chris, el hombre más perseverante y dulce del mundo, y más sorpresivo. Tiene su manera de ponerme nerviosa, pero con eso y todo le quiero. A ellos les digo: no me caso porque sea la salida más fácil, la más usada, la más segura. Me caso por amor, y porque creo que el amor es decisión. Mientras esté decidida en algo, vamos a buen puerto. Y los que me conocen, saben que soy tercamente decidida por las cosas que quiero.

Hasta acá el divague, por hoy. Mientras, seguimos trabajando, terminando la tesis, y soñando.
Mi espacio, mi mundo, mi visión, a mi manera. ¡Así de sencillo es! Es de buena gente comentar, compartir y dar créditos si corresponde. Cualquier cosa dejame un comentario con tu e-mail, así contactamos.
 
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